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Es cierto que el sol tiene efectos positivos sobre nuestra salud (estimula la síntesis de vitamina D, que previene el raquitismo y la osteoporosis; favorece la circulación sanguínea y es un buen tratamiento para algunas alteraciones de la piel, como la psoriasis), pero tenemos que ser cautos y no olvidar que toda protección es poca si queremos prevenir arrugas, manchas, fotoenvejecimiento, eritemas, melanomas y otras complicaciones para nuestra salud y la de nuestra piel.

Objetivo: cuidar la salud de tu piel

■ No te expongas al sol después de haberte puesto perfumes y colonias con alcohol: son fotosensibilizantes, es decir, pueden producir manchas en la piel e incluso alguna lesión cutánea.
■ Si estás tomando medicación, pregúntale a tu médico o farmacéutico si puedes ponerte al sol. Algunos medicamentos provocan reacciones.
■ Protégete con productos especialmente indicados para tu piel. La cara, el cuello, el escote, las manos y los empeines son zonas sensibles y las más propensas a las manchas y las que más se estropean.
■ Utiliza también protección física: sombreros, gafas, camisetas… Pero no toda la ropa es barrera. Hay que usar tejidos muy tupidos y ropa ancha y holgada. Evitar los tonos claros.
■ Bebe mucho agua y líquidos para no deshidratarte. Y, si eres de los que se tumba al sol todo el dí y no te mueves más que para darte la vuelta, cambia de hábitos y da algún paseo. No es aconsejable exponerte así durante horas.
■ La radiación UV es acumulativa, no basta con descansar un rato del sol. Y no sólo hay que protegerse en la playa y en verano. Se recomienda como mínimo un factor de protección 15 diario, también en invierno. A medida que aumenta la altitud también lo hace la intensidad de la radiación (y el riesgo, claro).
■ No basta con ponerse bajo la sombrilla en la playa: la arena refleja el 25 por ciento de la radiación UV, y la espuma del mar, alrededor del 25 por ciento. La hierba, el suelo y el agua reflejan menos del 10 por ciento, y la nieve llega hasta el 80 por ciento, por lo que el lugar, la superficie y la altitud de tu destino juegan un papel muy importante en cuanto a decidir qué fotoprotector elegir.
■ El bronceado de las camas o cabinas solares es igualmente nocivo. Los dermatólogos insisten en que son tanto o más peligrosas que el sol. Por lo tanto, eso de que si vas a la playa ya moreno sirve para no quemarse ni hacerle daño a la piel es absolutamente falso. En estos casos, los expertos seguran que el efecto de los rayos UVA se suma al de los UVB.
■ Los mayores son un segmento de la población bastante vulnerable frente al sol; lo mismo ocurre con los niños. La Academia Española de Dermatología recuerda que los ancianos deben tener un cuidado especial, pues las arrugas y la sequedad vuelven la piel más sensible y aumentan las probabilidades de sufrir quemaduras solares. Asimismo, conviene mantener a los bebés menores de 6 meses lejos de la exposición directa al sol.
■ Puedes quemarte sin darte cuenta. La radiación UV no se nota, no es la responsable del calor solar. Por eso, aunque esté nublado, usa protección. Las nubes también dejan pasar los rayos. Y olvídate del “flus-flús” con agua para refrescarte. Sólo te quemarás más rápidamente.
| CATEGORÍA DE PROTECCIÓN | FACTOR DE PROTECCIÓN | TIPO DE PIEL |
|---|---|---|
| Baja | 6-8-10 | Negra o muy oscura |
| Media | 15-20-25 | Resistentes al sol |
| Alta | 30-50 | Claras y mates |
| Muy alta | 50 + (es decir, >60) | Muy claras, lechosas |
El sol también es fuente de salud
■ Las radiaciones solares transmiten, sobre todo, calor. Esta energía calórica es absorbida por la piel, que la traslada a la sangre, desde donde se distribuye por todo el organismo.
■ El calor estimula y aumenta la ventilación pulmonar, aumenta la producción de sudor y acelera la velocidad del latido cardíaco.
■ La tensión arterial desciende, debido a la vasodilatación periférica.
■ Las funciones metabólicas se activan, estimulando a las glándulas endocrinas y facilitando el metabolismo del calcio a través de la síntesis de vitamina D por la piel.
■ En cuanto al sistema nervioso, la luz solar tiene un efecto regulador sobre las funciones vegetativas y sobre las psíquicas, facilitando la actividad intelectual y relajando la tensión.
■ Algunas de las aplicaciones terapéuticas de las radiaciones solares más frecuentes son los tratamientos de las enfermedades cutáneas (psoriasis y dermatitis atópica, sobre todo), en la convalecencia de enfermedades y el estímulo de las defensas orgánicas, en la osteoporosis y el raquitismo, en la tuberculosis y en procesos traumáticos (fracturas, atrofias musculares…).
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